|
Compromiso y Pertenencia El contenido esencial de nuestro compromiso,
consiste en ofrecer a Cristo, Sacerdote y Víctima, y ofrecernos con él
en la cruz de cada día, identificándonos con la voluntad del Padre en
obediencia filial y amorosa; bajo la acción del Espíritu Santo y en
unión con la Santísima Virgen María. El Apostolado de la Cruz, ayuda a descubrir el
valor salvífico del sufrimiento vivido por amor y en unión de Cristo
Sacerdote y Víctima. El acentuar la fuerza redentora del sacrificio de
Cristo, impulsa a vivir en su integridad el misterio pascual, centro del
Evangelio y culminación de la redención humana. El dolor es un misterio incomprensible para el
hombre que instintivamente , lo rechaza. Este misterio se ilumina
únicamente al encontrar su sentido en Cristo, que “se hizo obediente
hasta la muerte de cruz”,
para mostrar su amor al Padre y salvar a los hermanos. También nuestro sufrimiento unido al de Cristo es
un instrumento de salvación y, por tanto, un verdadero apostolado. Los miembros del Apostolado de la Cruz, participan
con amor en el sacrificio de Jesús, a favor de toda la Iglesia, pero
especialmente de los sacerdotes, para que respondan con fidelidad a su
vocación de participar con mayor plenitud del sacerdocio de Jesús. El autor de nuestra transformación en Cristo, es
el Espíritu Santo. Sólo iluminados y fortalecidos por su gracia podremos
abrazar con amor la cruz de cada día, para transformarla en ofrenda
gozosa a Dios. La vocación a transformarnos en Cristo, Sacerdote
y Víctima, sólo puede realizarse mediante un trato más intimo con Él,
que nos lleve a tener sus mismos sentimientos. Por eso, en nuestra
espiritualidad, es una exigencia la oración frecuente y perseverante. María se asoció como madre a la ofrenda
sacerdotal de Cristo, al aceptar amorosamente la voluntad del Padre y
consentir en la inmolación de la Víctima que ella misma había
engendrado. Se nos manifiesta así como el modelo más perfecto en
ofrendar a Cristo y a nosotros mismos con Él. Según la estructura del Apostolado de la Cruz, el
compromiso puede tener dos modalidades: Fundamental e integral. COMPROMISO FUNDAMENTAL a) Vivir en gracia, es decir, sin pecado grave. b) Ofrecer a Cristo, Sacerdote y Víctima y ofrecernos en su unión con todas las realidades de nuestra vida. c) Abrazar con amor la cruz de cada día, comenzando por realizar perfectamente los deberes del propio estado. d) Ofrecer la Misa y la Comunión de cada domingo por los sacerdotes y las vocaciones, e) Dar testimonio de nuestra fe, según la situación personal . EL
COMPROMISO INTEGRAL : Los elementos anteriores. Y además: a) Seguir los procesos de formación que propone la Obra en su Reglamento. b) Hacer algún apostolado organizado, según las posibilidades personales. c)
Participar en las actividades comunitarias de la Obra:
Las reuniones, las actividades internas y apostólicas del”grupo
pequeño o en las del Centro al que pertenece”. Habrá muchas personas que no puedan hacer el compromiso Integral, pero no hay ninguna que no pueda hacer el Compromiso Fundamental. El Apostolado de la Cruz, por su flexibilidad está
llamado a agrupar un grandísimo número de personas, siempre y cuando los
dirigentes tengan en cuenta que el “Compromiso Fundamental” es el más
esencial, y basta para cumplir con perfección los fines de la Obra. A
veces la demasiada preocupación por institucionalizar, mata la vida. Como se ve, esta Obra es para todos y está al alcance de todos. No hay ninguna persona que no pueda hacer el Compromiso Fundamental. Y vivir en verdad este compromiso, basta para alcanzar la santidad a la que Dios nos llama por el camino de este Apostolado. Conchita misma no fue una mujer que pudiera haberse comprometido a muchas reuniones o actividades. Vivió entre los embarazos y los partos de sus 9 hijos, entre biberones y malas noches, y, como ella dice, “entre costuras y problemas de criados y dificultades económicas y fiestas familiares” .Era esposa, y era madre de muchos hijos con edades muy disparejas y enfermedades frecuentes. Por eso es modelo de los seglares. De los que tienen demasiado quehacer en el mundo y no por eso dejan de estar invitados a la santidad; precisamente ofreciendo ese quehacer diario muchas veces penoso y lleno de sufrimientos. |