LA ESPIRITUALIDAD DE LA CRUZ

 


Para lograr entender de una forma más simple lo que es la espiritualidad de la Cruz podemos empezar por definir lo que es la vida espiritual.

 

La vida espiritual es la misma vida cristiana perfeccionada bajo la acción del Espíritu Santo.

La acción de Dios en nuestra vida se da desde la recepción del bautismo, desde ahí se inicia su acción  en forma progresiva adquiriendo cada vez mayor perfección por las gracias recibidas. El esfuerzo, la perseverancia  y la autenticidad por seguir a Cristo  por identificarse con Él, por imitarlo hace que el cristiano luche por evitar el pecado, evitando así mismo todo lo que pueda ofender a Dios ocupándose de vivir el espíritu de las bienaventuranzas, aceptando la voluntad de Dios en sus diferentes manifestaciones.

 

La vida espiritual es principalmente una vida de unión con Dios manifestada en el amor hacia nuestro prójimo y al anhelo de corresponder al gran amor de Dios que recibimos como sus hijos, como templos del Espíritu que se nos ha comunicado en la incorporación a Cristo por el bautismo.

Esa unión con Dios puede lograrse por medio de diferentes caminos  o espiritualidades que dan una fisonomía peculiar a la vida en el Espíritu.

“El Espíritu de Dios inspira a un santo y lo impulsa por los caminos de la santidad fijándolo fuertemente en alguna verdad de  nuestra fe o en algún aspecto de Cristo o de Dios. La vivencia de esa verdad de fe o de ese aspecto de la vida de Jesús revestirá la vida cristiana y espiritual de un matiz muy característico.” A Concepción Cabrera de Armida el Espíritu Santo  le inspiró "la Espiritualidad de la Cruz."       

La espiritualidad de la Cruz pretende llevar a todos los cristianos  a la configuración con Cristo invitándolos a vivir cada día con mayor plenitud el misterio sacerdotal de Jesús en lo que tiene más elevado y sublime, su oblación y su sacrificio sacerdotales es decir su entrega y ofrecimientos constantes, su sacrificio amoroso con los mismos fines y las mismas intenciones que en la Cruz :  por la salvación y santificación  de las almas y por el cumplimiento  fiel y amoroso de la voluntad del Padre.

“Su misión sacerdotal puede resumirse en esta frase célebre “Jesús como sacerdote dirige tres miradas: hacia Dios su Padre para glorificarle, hacia sí mismo para sacrificarse y hacia nuestras almas para sacrificarlas y reconciliarlas con Dios.”

Para nosotros los miembros de la Espiritualidad de la Cruz, la cruz representa esas mortificaciones voluntarias y la aceptación amorosa de las penas que Dios nos envía y que forman la trama de nuestra vida , estas no se justifican por  el mérito que nos proporcionan o por imitar el sufrimiento de Cristo  en la Cruz, su verdadera finalidad es que son un medio para extinguir en nosotros el egoísmo y porque poco a poco nos enseñan a no centrar nuestra existencia en nuestros propios sueños e intereses.  Toda mortificación, toda renuncia, deben desembocar en el don de sí a los demás y en una comunión cada vez más íntima con su situación.   

La cruz para nosotros es el signo que nos invita a una continua y permanente conversión a un cambio radical y profundo, es la destrucción del egoísmo hasta en sus más hondas raíces para lograr una vida de servicio y entrega a los demás ya que la Cruz es  definitivamente  la victoria del amor sobre el egoísmo ,  nos enseña  el verdadero dolor de los pecados el verdadero arrepentimiento la verdadera contrición .La  Cruz es una entrega incondicional  a la voluntad  amorosa del Padre para que por ella sea glorificado  y un servicio lleno de amor para los demás de modo que podamos como Cristo sacerdote dirigir nuestra mirada al Padre para glorificarle, a Jesús, en el ofrecimiento diario de la cruz de cada día  por la santificación y la salvación de las almas de nuestros hermanos y la propia, bajo la dirección del Espíritu Santo.

 

 

 

TOMADO DE  

 Sánchez M. Salvador, Cruz de Cristo Cruz del Cristiano, México ,1998