CRUZ DEL APOSTOLADO


"Un regalo al mundo"


La visión de la Cruz del Apostolado 

En ese mismo mes de febrero, estando Conchita en la “Iglesia de la Compañía” en San Luis Potosí, tuvo una visión muy importante:

 “vi un gran fuego, como de rayos de luz casi blanca, clarísima , brillante, muy superior a la eléctrica. En el centro de esa luz, una paloma blanquísima , con las alas extendidas y debajo de ella, en el fondo de aquella inmensa luz, una cruz grande, muy grande con un corazón en el centro. Tenia este corazón espinas agudísimas que lo rodeaban, como que lo apretaban penetrándolo y duele verlas . Tenía una lanza, cuya punta penetra el corazón y hace brotar sangre que escurre sobre la cruz.

 


El corazón era vivo no pintado, palpitante, humano, de carne, pero glorificado. Estaba como rodeado de fuego material movible, como dentro de una hoguera y por encima brotaba de su interior otra clase de llamas, como lenguas de fuego de más intensidad, distinto al fuego del rededor. Estas llamas subían moviéndose con violencia, como despedidas de un volcán ,  cubriendo y descubriendo una cruz chiquita que está plantada o que sale del corazón”.


La cruz grande
, representa la pasión externa de Jesús, es el altar donde Cristo sacerdote ofreció al Padre el holocausto de su cuerpo y de su sangre. Es también la cruz que hemos de cargar si queremos ser discípulos de Jesús: “el que quiera ser mi discípulo, que tome su cruz y venga conmigo”Mt 16,24.

Es nuestra “cruz de cada día” Lc.9,23 ) que, unida a la de Cristo, participa de su valor redentor, y nos permite llegar a una especial intimidad con Él.

Pero el dolor nada vale por sí mismo: “Aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me serviría” (2°Cor. 14. Por eso, sobre la  Cruz está el símbolo del Espíritu Santo, que llenó el corazón de Cristo, que lo encendió en un inmenso amor al Padre y a sus hermanos, y que lo movió a ofrecerse a Dios como víctima por nuestros pecados: Movido por el Espíritu Eterno, se ofreció a Dios como ofrenda sin mancha” Hb. 9,14.


El Espíritu Santo
es también el que nos descubre el valor de la Cruz de Cristo y nos hace abrazarla. Sin la luz del Espíritu Santo, la cruz de Cristo sólo puede ser considerada “un escándalo y una locura”. Sólo con la gracia del Espíritu Santo podemos comprender que “lo que parece un signo de debilidad en Dios, es más fuerte que toda la fuerza de los hombres, y lo que parece un disparate de Dios, es más sabio que toda la sabiduría de los hombres” 1° Cor, 1,25.


El corazón en el centro de la cruz, abrazado en llamas, rodeado de espinas, y herido por una lanza, significa el inmenso amor de Cristo, a su Padre y a nosotros, y que llegó a su máxima expresión en la entrega dolorosa de si mismo “hasta la muerte, y muerte de cruz”.


La cruz pequeña
,”plantada sobre el corazón”, simboliza los sufrimientos interiores de Cristo, su dolor a causa del pecado, no vive en el amor. Su tristeza por la ingratitud y la incomprensión de muchos.Su pena por el abandono de sus amigos, y por las infidelidades de aquellos a quienes ha asociado más íntimamente a su obra de salvación.

 

La luz y las nubes simbolizan la presencia amorosa del Padre, cuyo amor es principio y origen de la salvación del hombre, y que se complace en la entrega perfecta del Hijo, que por obediencia da su vida como rescate por sus hermanos.

 


Mons. Luis M. Martínez, Arzobispo de México, que fue director espiritual de Conchita durante sus últimos 15 años, escribe estas luminosas enseñanzas:

“En la Cruz del Apostolado, se encuentran todos los tesoros que nos legó Jesús. Si queremos expresar con palabras su magnifico simbolismo, podemos hacerlo con aquella frase de la carta a los Hebreos: “Por el Espíritu Santo, se ofreció a mismo, como hostia inmaculada a Dios” .Heb.9,14.

Por el Espíritu Santo, representado en la paloma, se ofreció a sí mismo Cristo, que muestra su corazón inmaculado y lleno de amor.

Se ofreció a Dios Padre representando en aquella visión, por”la luz inaccesible”.

Esta Cruz expresa gráficamente el sacerdocio de “Cristo, por lo tanto, para entenderla y para comprender nuestro propio espíritu necesitamos entender el sacerdocio de Jesús”.

El sacerdocio de Cristo tiene un principio: El AMOR. Tiene una esencia: La Inmolación. Y tiene un fin: La Gloria de Dios y la Salvación de los hombres.

El Espíritu Santo, es el Amor infinito, el Amor eterno el Amor divino, por el cual Jesús “se ofreció a Dios como hostia viva sin mancha”.El corazón herido con la lanza, cercado de espinas y abrazado en llamas, es Jesús, que se inmola movido por ese amor. La luz celestial es el Padre que acoge el sacrificio del Hijo como precio de nuestra redención.

El sacerdocio de Jesús es el centro de la Iglesia, instituida para perpetuar su sacrificio y repartir sus frutos. Es el centro de la vida nueva, es el centro de la Historia, y el centro del universo. Porque lo único que complace al Padre es el amor del Hijo que se manifiesta en su “obediencia hasta la muerte de cruz”. Y todas las complacencias que el Padre encuentra en las creaturas, o la gloria que de ellas recibe están vinculadas al sacerdocio y al sacrificio de Cristo.

Si queremos vivir el sacerdocio de Jesús, tenemos que ser una personificación de esa cruz misteriosa; una cruz del Apostolado viviente. Tenemos que vivir ofreciéndonos al Padre, en unión con Jesús movidos por el amor que sólo el Espíritu Santo puede infundir en nuestros corazones. Éste es el resumen de nuestra espiritualidad.

 

(Tomado del libro "Pueblo Sacerdotal" de Ricardo Zimbrón Levy M.Sp.S.