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CRUZ DEL APOSTOLADO |
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La visión de la Cruz del Apostolado En ese mismo mes de febrero, estando Conchita en la “Iglesia de la Compañía” en San Luis Potosí, tuvo una visión muy importante: “vi un gran fuego, como de rayos de luz casi blanca, clarísima , brillante, muy superior a la eléctrica. En el centro de esa luz, una paloma blanquísima , con las alas extendidas y debajo de ella, en el fondo de aquella inmensa luz, una cruz grande, muy grande con un corazón en el centro. Tenia este corazón espinas agudísimas que lo rodeaban, como que lo apretaban penetrándolo y duele verlas . Tenía una lanza, cuya punta penetra el corazón y hace brotar sangre que escurre sobre la cruz.
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El
corazón era vivo
no pintado, palpitante, humano, de carne, pero glorificado. Estaba como
rodeado de fuego material movible, como dentro de una hoguera y por encima
brotaba de su interior otra clase de llamas, como lenguas de fuego de más
intensidad, distinto al fuego del rededor. Estas llamas subían moviéndose
con violencia, como despedidas de un volcán , cubriendo y
descubriendo una cruz chiquita que está plantada o que sale del corazón”. |
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Es nuestra “cruz de cada día” Lc.9,23 ) que, unida a la de Cristo, participa de su valor redentor, y nos permite llegar a una especial intimidad con Él. Pero
el dolor nada vale por sí mismo: “Aunque me dejara quemar vivo, si no
tengo amor, de nada me serviría” (2°Cor. 14. Por eso, sobre la
Cruz está el símbolo del Espíritu Santo, que llenó el corazón de
Cristo, que lo encendió en un inmenso amor al Padre y a sus hermanos, y
que lo movió a ofrecerse a Dios como víctima por nuestros pecados:
Movido por el Espíritu Eterno, se ofreció a Dios como ofrenda sin
mancha” Hb. 9,14. |
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La luz y las nubes simbolizan la presencia amorosa del Padre, cuyo amor es principio y origen de la salvación del hombre, y que se complace en la entrega perfecta del Hijo, que por obediencia da su vida como rescate por sus hermanos.
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Mons. Luis M. Martínez, Arzobispo de México, que fue director espiritual de Conchita durante sus últimos 15 años, escribe estas luminosas enseñanzas: “En
la Cruz del Apostolado, se encuentran todos los tesoros que nos
legó Jesús. Si queremos expresar con palabras su magnifico simbolismo,
podemos hacerlo con aquella frase de la carta a los Hebreos: “Por el
Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo, como hostia
inmaculada a Dios” .Heb.9,14. Por
el Espíritu Santo, representado en la paloma, se ofreció a sí mismo
Cristo, que muestra su corazón inmaculado y lleno de amor. Se
ofreció a Dios Padre representando en aquella visión, por”la luz
inaccesible”. Esta
Cruz
expresa gráficamente el sacerdocio de “Cristo, por lo
tanto, para entenderla y para comprender nuestro propio espíritu
necesitamos entender el sacerdocio de Jesús”. El
sacerdocio de Cristo tiene un principio: El AMOR. Tiene una esencia: La
Inmolación. Y tiene un fin: La Gloria de Dios y la Salvación de los
hombres. El
Espíritu Santo, es el Amor infinito, el Amor eterno el Amor
divino, por el cual Jesús “se ofreció a Dios como hostia viva sin
mancha”.El corazón herido con la lanza, cercado de espinas y
abrazado en llamas, es Jesús, que se inmola movido por ese amor. La luz
celestial es el Padre que acoge el sacrificio del Hijo como precio de
nuestra redención. El
sacerdocio de Jesús es el centro de la Iglesia, instituida para perpetuar
su sacrificio y repartir sus frutos. Es el centro de la vida nueva, es el
centro de la Historia, y el centro del universo. Porque lo único que
complace al Padre es el amor del Hijo que se manifiesta en su “obediencia
hasta la muerte de cruz”. Y todas las complacencias que el Padre
encuentra en las creaturas, o la gloria que de ellas recibe están
vinculadas al sacerdocio y al sacrificio de Cristo. Si
queremos vivir el sacerdocio de Jesús, tenemos que ser una personificación
de esa cruz misteriosa; una cruz del Apostolado viviente. Tenemos que
vivir ofreciéndonos al Padre, en unión con Jesús movidos por el amor
que sólo el Espíritu Santo puede infundir en nuestros corazones. Éste
es el resumen de nuestra espiritualidad.
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(Tomado del libro "Pueblo Sacerdotal" de Ricardo Zimbrón Levy M.Sp.S. |